Editables.es: Un proyecto feliz

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Mi hermana me enseñó a leer.

No me refiero a unir la eme con la a para pronunciar “ma”, sino al arte de entender las palabras que llegan a través de la mirada o el oído.

Su voz, en aquellas noches andaluzas de mi infancia, penetraba en mis sentidos como el preludio de dulces sueños. Gironella, García Márquez, Gloria Fuertes… Todos se acercaron a mí suavemente entonados, como una canción de cuna, a veces sin entender qué me querían decir porque no tenía edad para comprenderlos, pero me encantaba el sonido de aquellas palabras que accedían a quedarse conmigo.

En mi adolescencia, fueron mis imprescindibles. Una escalera del instituto recogía mis versos imperfectos y las alabanzas de mis compañeros de edad. Escribía en cualquier lugar, en cualquier momento, amontonaba palabras ajenas a las que debía oír del profesor, mis apuntes se llenaban de espacios de creación que emborronaba con frases al azar, poemas incompletos, dedicatorias a personajes inventados, razonamientos aniñados… Todo servía.

Luego vino la madurez a interponerse entre mi musa y yo. Me distraje con mi vida familiar y tapé mi boca con asuntos profesionales, cotidianos, creyendo que mi pasión debía concentrarse en otros menesteres.

Tuve que cerrar puertas, abrir ventanas y mirarme al espejo para reconciliarme con las palabras, para sentir de nuevo su arrullo y el calor de sus sentidos.

Escribí mi primer libro como terapia de limpieza y antesala de un nuevo comienzo. Diseñé un envoltorio de colores y lo mostré al mundo con mis propias manos. No fue fácil, pero sí enriquecedor. Me sentí afortunada al comprobar cómo personas desconocidas reinterpretaban mis versos frágiles y los llenaban de vigor, oí mi voz en otros labios, vi volar mis sentimientos hacia otras almas.

Me enfoqué en mi nuevo rol y salió el segundo en forma de cuento romántico extraído de una historia de mis antepasados. Accedí a sacarlo de paseo. Juntos llamamos a puertas de silencio, a tiempos de espera, a concursos humildes. Había que probar. Para mi sorpresa, obtuve respuesta, y llevé mi nuevo vestido de escritora al sastre para que encogiera las sisas.

En este recorrido de losas pulidas con ilusión, nerviosismo, expectación e incertidumbre me faltó una mano amiga que me guiara, que me aconsejara, que me corrigiera, que perfeccionara el camino que estaba construyendo. Me sentí sola.

Un buen día me di cuenta de que mis inquietudes se habían convertido en dedos; las respuestas que había ido acumulando se unieron a ellos para formar manos; mis ojos se entusiasmaron con la transformación y decidieron erguirse en brazos. Así obtuve la fuerza oportuna para empujar a otros, para tirar de ellos, para indicarles por dónde seguir y alcanzar sus sueños…

He llegado hasta aquí, que es otro principio. Editables se confirma como la editorial que siempre soñé para mí y mi maestra me acompaña. Este proyecto me hace inmensamente feliz y aspira con soberbia a conseguir que tú también lo seas.

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Acerca de filigranasafiladas

Sólo estoy aquí para sentir y escribir lo que siento
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